Un Argentino paisa.

By on diciembre 9, 2010

“Eso, eso, eso…” le solía contestar afirmativamente a mis compañeritos de primaria, evocando al Chavo del 8, Roberto Gómez Bolaños y a Cantinflas.  Fue todo lo que supe de la cultura Mexicana durante muchos años. Hoy, a los 36 años de edad, no puedo imaginar mi vida sin la influencia y la inspiración de mis hermanos “paisa”.

Hace 10 años me mudé desde mi país de origen, Argentina, a los Estados Unidos, y fue recién ahí que me empecé a conectar con todo lo que es hoy una gran parte de mi poli-cultural personalidad. Viviendo en los suburbios más humildes de Salt Lake City, Utah, el primer encuentro con los mexicanos no fue el mejor, debo admitir, y creo que se debió mucho a la influencia de escuchar a la gente quejarse de “esos mexicanos” ambigüedad xenofóbica a la que tan acostumbrado estaba, sin mucho fundamento más que “son ruidosos o siempre tienen el garaje lleno de chatarras” no tardéen darme cuenta que estas quejas eran sólo producto de la soberbia y altanería que tanto nos caracteriza a los Argentinos.

En Salt Lake, mi primer contacto fue con una familia muy generosa y benevolente, argentinos, mormones, y a pesar de que había sido una familia que había vivido en Perú, con el tiempo me di cuenta que traían cierto aire…racista y prejuicioso, pero bueno, eso es otra historia.Lo que quiero decir es que me estaban inculcando que “somos diferentes” (a los mexicanos) lo cual me sorprendió bastante, porque no hay que ser muy inteligente para darse cuenta de que hay gente “diferente” en todas partes del mundo, inclusive, gente de una misma raza puede ser tan diferente entre sí, por diferencias de opinión, religión, etc., siempre habrá “conflictos” y yo no sé si es mi naturaleza hippie o mi negada ingenuidad, pero siempre me gusto usar la “aceptación” o “todos son inocentes hasta comprobar lo contrario”. También me gusta pensar que dentro de nuestras diferencias, se encuentran puntos en común, y si hablamos de “generalizar”, al ver la raza humana desde el espacio, somos todos parte del mismo planeta.

Mi primer “mejor amigo” acá en Salt Lake fue un peruano llamado Christian,  poco a poco, mi amigo, “hermano”, me introdujo a lo que fue el preludio al arte culinario mexicano: los chiles. Al principio, lo que es conocido como “mild” en mi lengua o mejor dicho a mi gusto, se sentía “explosivo” y mi argumento era que no me gustaba sentir dolor cuando comía, para mí, comer siempre fue un placer el cual no quería relacionar con dolor. La historia desde ahí, es la conocida, desde jalapeños hasta serranos, fui escalando la montaña de sabores, descubriendo el placer en ese dolor tan sabroso.

Por medio de Christian conocí a una paisita, mezcla rara entre Gladis La bomba Tucumana y la Chilindrina, su nombre Gabriela, una chihuahuense de Juárez, encantadora como pocas, inteligente y de un humor fresco, a través de ella, conocí a su primo Mario y el novio de Mario, Ramón. Mexicanos revolucionarios en el arte de la homosexualidad, amantes de las pinturas (cuadros, no maquillajes) alto gusto en muebles y, por supuesto, de la buena comida.Mis mejores recuerdos de “las primas”, como solíamos llamarlos picarescamente pero con respeto, son de noches de cena y tragos.

Mi primera incursión a México, país en el cual había estado aprendiendo a querer de apoco pero con pasos firmes, fue un viaje a una competencia de surf y festival de reggae en Rosarito; demás está decir que mas allá de la comida tradicional que disfrutamos en varios restaurantes y una borrachera monumental con Mezcal,  no tuve lo que se llama una “real” experiencia mexicana, debido al hecho de que el viaje fue desde San Diego con 4 gringos y todo lo que nos interesaba en ese momento fue Surf y Reggae.

Años después tuve la suerte de conocer a un gran amigo del presente, Alejandro (Alex), quien por vueltas de la vida tuve el placer no sólo de tenerlo como compañero de ruta en un viaje desde Phoenix hasta Hermosillo, sino que además fue lo suficientemente generoso para dejarme dormir en la casa de sus padres (familia, por cierto, adorable), servir de guía turístico y presentarme no sólo a algunas de las mujeres más atractivas de Hermosillo sino que también a algunos de los tipos más copados(*) e inteligentes que he conocido de ese país hasta ahora. Todo esto, mientras festejaba su cumpleaños que convenientemente cae en el día de la independencia de México y entre borrachera y fiestas y deliciosas comidas “típicas” creábamos este vinculo que se afianzaba día a día, exaltado por la sensibilidad de ciertas drogas.

Manejando un carro con placas canadienses, ni bien cruzamos la frontera en Nogales, paramos en un restaurant a comer aguachiles y a saciar nuestra sed por real cerveza mexicana. Antes de emprender camino hacia Hermosillo, cargamos nafta y mas cerveza, para mi sorpresa, la “cheve” se compra “en bolsita”, producto que adquiriríamos alrededor de unas 5 ó 6 veces por día (dependiendo de los compromisos sociales) durante los 5 días de mi estadía, por lo cual asumí que en México, o por lo menos en Sonora, se podía conducir y beber al mismo tiempo sin problemas, errónea idea, que aprendí estaba equivocado justo en mi última noche de estadía en esta maravillosa ciudad.

Con respecto a Hermosillo, tengo que recalcar un par de cosas.

A saber:

1) Yo, siendo de Argentina, país famoso por su “carne” (mujeres y bovinos) descubrí que Hermosillo no tiene nada que envidiarle a mi país natal, los tacos callejeros son dignos de un restaurante de lujo, con un sabor tan simple pero profundo que de sólo pensar se me hace agua la boca, y las mujeres, con una belleza…inusual, mezcla de mestizas con un toque exótico y socialmente consientes. Súper sexy.

2) Por la misma razón, siendo de Argentina, debo admitir que mis primeros pasos en México fueron bastante cautelosos, esperando recibir esa hostilidad a la cual “los argentinos” estamos sujetos a sufrir en la gran parte del mundo gracias a la “mala fama” (bien ganada) que tenemos de engreídos y fanfarrones(**) pero por el contrario, me encontré con gente muy cordial y amena que no sólo me hacían sentir cómodo, sino que además me sorprendieron con el conocimiento de la cultura argentina, por lo cual, me sentí en desventaja de conocimiento por primera vez, un sentimiento “refrescante”. Uno está acostumbrado a que la gente sepa de Maradona, Messi, Soda Estereo, Los Fabulosos Cadillacs y, desafortunadamente,Los Enanitos Verdes, pero recuerdo que en una fiesta en la casa de un tal “Pato”, conocí pibes que me hablaban de personajes tan obscuros como Enrique Pinti, Tato Bores, bandas como FunPeople y demás.

De mi experiencia en Hermosillo, Sonora, los puntos más altos fueron la comida (por supuesto), la gente y Bahía de Kino, tres cualidades indiscutidas que me han hecho “obsesionar” con este lugar, y que me hacen desear volver una y otra vez.

La última noche en Hermosillo, fue tanto inolvidable como intensa. Como dice la canción de Los Náufragos “De boliche en boliche(***)” casi al final de nuestra gira nocturna, yo manejaba el carro de una señorita a la cual había conocido en este viaje, amiga, amor platónico, co-piloto, que por efectos de ebriedad no pudo ver un carro de policía que se parqueaba justo al lado nuestro en una luz roja en el mismísimo instante en el que ella “empinaba” su cerveza, botella la cual audazmente había sacado en su cartera del último antro al cual habíamos asistido. Nosotros veníamos siguiendo a unos amigos hermosillenses, una pareja de chicos fantásticos, sobre todo él, quien al ver que estábamos siendo interrogados por la policía, parqueó su carro en su casa a unas 3 cuadras y volvió corriendo (literalmente) al rescate. Lo que sigue, es un episodio “interminable” de idas y venidas, ofertas y contraofertas, de palabras y más palabras para tratar de evitar lo que en ese momento se tornó inevitable: el test de alcoholemia, y por consecuencia una posible noche en el calabozo con el riesgo de perder el vuelo que me traería de vuelta a Babilonia el día siguiente. El test de alcoholemia, “sorprendentemente”, dio negativo (20 U$),  tres horas después, estábamos durmiendo en la casa de quien hoy es una de las personas que respeto y extraño mucho, y a quien deseo tener el tiempo y la oportunidad de poder conocer mejor. En general, ese es el sentimiento que toda la gente que conocí me ha dejado, es como esos buenos platillos que te dejan “queriendo más”, toda la gente de Hermosillo que tuve la fortuna de conocer, me dejó deseando verlos otra vez, queriendo conocerlos más, y es por eso que les estoy y estaré “eternamente” agradecido.

Bueno, espero que estas humildes palabras puedan reflejar mi respeto y admiración por los sonorenses, los hermosillenses, los MEXICANOS.

Abrazos, Muchos.

Pablo G. Aranda

Notas:

(*) Copados: Buenos, con toda la onda.

(**) Fanfarrones: Personas que hacen alarde de sus virtudes. Antónimo de humilde.

(***) Boliche: Antro.

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One Comment

  1. lic

    diciembre 23, 2010 at 9:05 am

    pelotudo incha pelotas

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