SALVADOR DALÍ: SU MÁXIMA OBRA FUE CREARSE A SÍ MISMO.

By on octubre 18, 2012

Por: Gabriela Arcoamarillo Lohr

 

“A los tres años quería ser cocinero. A los cinco quería ser Napoleón. Mi ambición no ha hecho más que crecer y ahora es la de llegar a ser Salvador Dalí y nada más. Por otra parte, esto es muy difícil, ya que, a medida que me acerco a Salvador Dalí, él se aleja de mí”. (Salvador Dalí)

 

Seguramente alguna vez han escuchado hablar sobre personas que logran “reinventarse”. Si bien podrían citarse un buen número de casos, existió un hombre que definitivamente vivió para ello: Salvador Dalí.

 

Y es que además de ser considerado un genio y el padre del surrealismo, Dalí protagonizó su vida a través del personaje que él mismo se creó: un pintor excéntrico que jamás pasaba desapercibido, al grado de que algunos lo consideraron un loco. Pese a ello, el artista español no perdía el humor: “La única diferencia entre un loco y yo, es que yo no estoy loco”.

 

Salvador Domingo Felipe Jacinto Dalí y Doménech, conocido simplemente como Salvador Dalí, nació el 11 de mayo de 1904 en Figueres, Girona, España, dentro de una familia burguesa. Sus padres decidieron darle el mismo nombre que había llevado su hermano fallecido sólo un año antes.

 

Desde muy pequeño, empieza a dibujar y a pintar con regularidad, sobre todo retratos de sus familiares y paisajes. Pero su precocidad no para allí, pues a los doce años de edad descubre el impresionismo francés, del cual se apropia por un corto tiempo, pues a los catorce años, inspirado por el pintor Pablo Picasso, se convierte en cubista. Por si fuera poco, a los quince años, se le da la oportunidad de ser el editor de la revista “Studium”, donde dibuja y escribe para la sección titulada “Los grandes maestros de la pintura”.

 

En 1922 se inscribió en la escuela de Bellas Artes de San Fernando en Madrid,  de donde, debido a su conducta rebelde y poco convencional, fue expulsado dos veces; la última y definitiva ocurrió en 1926. Entonces decidió instalarse en la Residencia de Estudiantes, donde conoce a futuros artistas que como él, se encontraban en plena formación. Así entabla amistad con el grupo al que él mismo catalogó como “estridente y revolucionario”: Luis Buñuel, Federico García Lorca, José Bello, José Moreno Villa, entre otros.

 

Tras experimentar con el cubismo y la pintura metafísica por varios años, finalmente en 1927 Salvador Dalí se sumerge en el surrealismo. Dos años más tarde ingresa al grupo surrealista parisino, donde se le consideró uno de los miembros más renovadores, pues sus obras de esa etapa se caracterizaron por su contenido sexual, yuxtaposiciones de formas (esta técnica se trata de pintar cosas o formas sobre otras, hasta formar una sola; o bien, pintar un dibujo grande formado por pequeñas formas) y la maleabilidad de objetos sólidos (es decir, jugaba con las formas sólidas de las cosas o personas; por ejemplo pintaba objetos derretidos o deformados).

 

Su genialidad también se coló en el séptimo arte, pues en 1928 ayudó a su amigo, el cineasta español Luis Buñuel, a realizar la película “Un perro andaluz”, en la que puede apreciarse el humor y surrealismo alucinante de Dalí.

Para 1929 logró montar su primera exposición en París, mediante una muestra individual en la que destacaban dos de sus lienzos, “El enigma del deseo” y “El gran masturbador”.

 

DALÍ Y FREUD

 

Por sentirse atraídos a las posibilidades artísticas que significaba así como a la importancia del inconsciente en la creación de imágenes poéticas, los surrealistas mostraron un enorme interés en las teorías psicoanalíticas de Sigmund Freud, a quien incluso consideraban su “santo patrón”.

 

Con todo y ello, después de conocerse Freud quedó impresionado por Salvador Dalí, tanto que el 20 de julio de 1938 tras el encuentro, escribió en su diario: “Hasta entonces me sentía tentado de considerar a los surrealistas, que aparentemente me han elegido como santo patrón, como locos integrales (digamos al 95%, como el alcohol puro). Aquel joven español, con sus espléndidos ojos de fanático e innegable dominio técnico, me movió a reconsiderar mi opinión”.

Mientras tanto, el pintor realizó alucinantes retratos del también llamado “padre del psicoanálisis”.

 

Tiempo después, Dalí sintió que el surrealismo iba demasiado ligado a la escritura y pintura automáticas, por lo que desarrolla su propia interpretación de éste al que nombra: “método paranoico-crítico”, el cual se inspira en un mundo de fantasía alucinante y delirante. Según sus propias palabras, el pintor lo definía como un método espontáneo de conocimiento irracional, basado en la asociación interpretativa crítica de fenómenos delirantes”.

 

 

GALA, SU MÁXIMA MUSA

Durante el verano de 1929, Salvador Dalí conoció a Helena Diakonoff, Gala, en ese entonces casada con el poeta francés, Paul Eluard. Sin embargo debido a la relación tan estrecha que surgió entre Gala y el pintor, ésta decide divorciarse.

Para 1930 colaboró nuevamente con su amigo Luis Buñuel en la realización del guión de la película “La edad de oro”.

Y fue precisamente eso lo que experimentó Dalí a partir de la década de los 30, en parte gracias al impulso de Gala, pues aunque ya era famoso, fue ella quien lo perfiló como un personaje público. Ello le valió que la revista estadounidense “Time”, le dedicara su portada del14 de diciembre de 1936.

 

También en Estados Unidos, se montaron cinco muestras individuales de su obra que se expusieron al público entre 1933 y 1939.

Para 1940 decide cruzar “el charco” para vivir en dicho país, donde realizó conferencias, pintó, diseñó joyas y trabajó para diferentes estudios de Hollywood.

 

Aunque llevaba tiempo distanciado del grupo de artistas surrealistas al que fuera tan apegado, en 1941 fue expulsado definitivamente tras ser descalificado por André Breton, quien lo tachó de retórico y académico.

 

Pese a las críticas, Dalí realizó un gran número de actos y apariciones en Estados Unidos que le dieron fama y dinero, entre ellos campañas publicitarias para revistas como “Vogue”, diseñó y creó el pabellón “El Sueño de Venus” para la Feria Mundial, dibujó figurines y escenarios para obras de teatro, entre muchas otras actividades que incluían apariciones en televisión y radio.

 

Para 1948, Dalí y Gala, ya habían regresado a Europa, donde se instalaron en el pequeño pueblo Port Lligat. Desde allí, continuó con su obra, dedicada en su mayoría a su mujer, a quien representó como virgen en la “Madona de Port Lligat”, en un cuadro que regaló al papa Pío XII; pero también se empeñó en realizar una serie de cuadros repetitivos con la finalidad de ganar mucho dinero.

 

DALÍ, EL ESCRITOR Y MÁS…

Salvador Dalí también se caracterizó por sus escritos. En 1942 se publican sus memorias bajo el título “La vida secreta de Salvador Dalí”, una de sus obras literarias más sugerentes. En 1951, publicó el ensayo “Manifiesto Místico”, mediante el cual explicaba su nueva corriente artística, así como el fervor religioso que en esos momentos experimentaba. Él mismo bautizó a ese período, que se extendió hasta los años 70, como “místico nuclear”, esto debido a la impresión que le causó lo ocurrido en Hiroshima al final de la segunda guerra mundial.

“La explosión atómica del 06 de agosto de 1945 me conmocionó sísmicamente. A partir de entonces, el átomo se convirtió en el alimento favorito de mis pensamientos”.

 

Aún con ello, no dejó de experimentar con la pintura y hacia finales de la década de los 50, experimentó a su particular estilo con el expresionismo abstracto norteamericano y para los años 60, trabajó en nuevos movimientos conocidos como “pop art” o arte óptico. Así, en 1966 los estadounidenses le dedican una amplia exposición retrospectiva en el Museo de Arte Moderno de Nueva York.

 

Todo esto lo hizo sin interrumpir la escritura, por ello en 1964 se da a conocer el libro “Diario de un genio” y en 1973 “Confesiones inconfesables”.

 

Además, también realizó trabajos como ilustrador, entre los más destacados se encuentran: los treinta aguafuertes de “Los cantos de Maldodor”, del Conde de Lautrémont”, en 1934; las doce litografías para “Don Quijote de la Mancha”, de Miguel de Cervantes Saavedra, en 1956 y las cien xilografías en color para “La Divina Comedia”, de Dante Alighieri, en 1960.

 

SUS ÚLTIMOS AÑOS DE VIDA Y SU LEGADO

Como era de esperarse, su incuestionable genialidad le valió el reconocimiento en su país y a nivel internacional.

Fue por ello que en 1974 se inauguró en su honor el Teatro-Museo Dalí en Figueres, España.  En 1982, abren el Museo Salvador Dalí en Florida, Estados Unidos y en 1983 se crea la Fundación Gala-Salvador Dalí, también en Figueres, su ciudad natal.

 

Luego de la muerte de su inseparable esposa, Gala, en 1982, el artista cae en una profunda depresión, sin embargo continuó pintando. No obstante hoy en día se cuestiona la autoría de muchas de las obras que firmó durante ese periodo, pues la producción es muy grande como para ser realizada en el estado de salud y ánimo en el que se encontraba.

Finalmente, el 23 de enero de 1989, Salvador Dalí, este genio, controversial, exhibicionista, excéntrico y provocador artista, falleció a causa de una insuficiencia cardíaca y fue enterrado (para no perder el estilo) en la cripta que ordenó hacer en el sótano del Teatro-Museo que lleva su nombre en su tierra, Figueres.

 

Entre sus obras más representativas figuran: “La cesta del pan” (1926); “El gran masturbador” (1929), “La persistencia de la memoria” (1931), “Premonición de la guerra civil” (1936), “España” (1938), “Leda atómica” (1949), “Cristo de San Juan de la Cruz” (1951), “Ultima cena” (1955), entre muchos otros y pueden ser apreciadas en numerosos museos alrededor del mundo.

 

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