Julian Schnabel, el biógrafo redentor

By on enero 7, 2011

Por Socorro González

La escafandra y la mariposa (Le scaphandre et le papillon, Francia/E.U., 2007), dvd que hoy se recomienda, es el penúltimo filme estrenado en nuestro país, del artista neoyorkino Julian Schnabel. Pintor y músico de profesión, Sachnabel ingresó de lleno al largometraje con su obra Basquiat (‘96), cinta donde exploraba un poco la vida del ya fallecido excéntrico pintor neo expresionista y el Nueva York subterráneo, el de Andy Warhol y el mítico The velvet undrground. Con cinco largometrajes de ficción en su haber (actualmente distribuye Miral, ‘10) y un entrañable documental/ homenaje a Lou Reed llamado Berlín (’07), este reconocido cineasta se caracteriza por rescatar o acudir a personalidades del arte como fuentes inspiradoras; en sus “biografías” siempre es posible encontrar el sello de la melancolía y sentirse al final de cuentas, conmovido por un dejo de “sensiblería” redentora. A Schnabel le gusta trabajar con personajes un tanto marginados por la vida y sus avatares, como la aceptación social (y la individual) o los conflictos políticos, tal fue el caso de su polémico filme del 2000 Antes que anochezca (Before nigth falls, en su original), que en la mayor parte de los espectadores llamó la atención por tres cosas, básicamente: porque relataba la rebelde y conflictiva vida de Reynaldo Arenas (interpretado convincentemente por el español Javier Bárdem), que fue cubano (y que es innombrable en Cuba, debido a su condición de gran traidor a la Revolución), homosexual y murió de sida en la segunda mitad de los años ochentas, exiliado, para variar, en E.U. (donde se contagió). Pero más allá de todos estos detalles que movieron el morbo, la historia se configura como un conmovedor e interesante relato, bellamente fotografiado y montado, sobre un hombre en su eterna e incansable búsqueda de la libertad, expresiva, individual, humana; un artista que buscaba transgredir aquella difícil realidad que le había tocado vivir sin importar la factura a pagar; un largo episodio, irónicamente pesimista hacia el final, cuando vemos a un Reynaldo estragado por la enfermedad que le arrebató la vida justo cuando creyó llegar al país que le devolvería la libertad como individuo (si lo pensamos, en cierta manera sí le hecho la mano). En La escafandra y la mariposa Schnabel vuelve a la biografía como eje rector de su filme, sólo que aquí su relato se ha tornado más difícil en su narrativa visual; en la búsqueda del realizador por adentrarse en la mente de su personaje protagónico, Jean-Dominique Bauby (quien fuera un carismático redactor de la famosa revista de moda francesa Elle y autor de la fuente literaria del filme, del mismo nombre), que en 1995 sufrió una fulminante embolia masiva que lo dejó encarcelado en su propio cuerpo hasta el día de su muerte, en una silla de ruedas, sin tener otra comunicación con el mundo que no fuera el parpadeo de su ojo izquierdo. Así da inicio el traslado hacia la mente de un hombre postrado, inmóvil; todo lo vemos desde su muy particular e inquietante punto de vista, desde los destellos de su imaginación, que se niega a morir en la antesala del “síndrome de cautiverio”; distorsionada realidad tan dolorosa como la costura en los párpados. Jean Do ha despertado a una nueva vida, habitada por la nostalgia, por el recuerdo de lo que fue su tiempo en repentinos inserts o flashbacks de la vida familiar, amorosa y profesional. El hombre de éxito repentinamente se redujo a un ojo, que como mariposa se mueve rápido en su parpadeo, inquieto y trémulo (ingenioso trabajo de fotógrafo Janusz Kaminski, actual fotógrafo de Steven Spielbergh). Con destreza y romanticismo, Schnabel ha tejido, desde los laberintos de la subjetividad, un sensible filme de gratos tintes poéticos; una bella crónica del dolor, la libertad de la imaginación y el recuerdo como vida misma. Ampliamente recomendable.

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