Gambetear el enfado

By on febrero 26, 2012

Por: Ramón Luna

 

Gambetear el enfado.

 

“En esta vida todos sufrimos derrotas,

pero un hombre, si lo es de verdad,

nunca se siente derrotado.”

William Carlos Williams.

 

MaradonaLos deportes  (futbol, basquetbol, beisbol, atletismo o cualquier otro) es juego, arte, disciplina, oficio, negocio, que influye en la vida social-cultural  de los hombres. Los nuevos valores que promueven los programas de activación física y la cultura del gym, más apegados a la vanidad, la estética del cuerpo y la “vida sana”. La práctica, perfección de las habilidades y la competición  en  cualquier disciplina deportiva  está intrínsecamente ligados a valores morales fundamentales para la convivencia de los individuos y las naciones: respeto, humildad, honradez, fair play, solidaridad, dignidad.

En la historia del deporte y de los deportistas, se escriben grandes y maravillosas gestas épicas dignas de no desvanecerse con el tiempo de la memoria de los hombres, como pensaba  Herodoto (historiador griego, considerado el Padre de la Historia) de las hazañas de los griegos como de  los bárbaros. Historias que transcienden lo deportivo, son lecciones de humanidad, fenómenos sociales, superación de las facultades físicas del cuerpo humano, la determinación de la mente sostiene el cuerpo del atleta para realizar la hombrada, la victoria alegra el corazón, actúa como elixir, capaz de olividar momentáneamente los problemas socioeconómicos de un país y fortalecer el ánimo de sus habitantes.

Es tan grande la magia del deporte, que es capaz de parar las guerras. En los antiguos juegos olímpicos realizados en 776 a. de C. hasta el 394 d. de C. se decretaba la “paz olímpica”, se suspendían las guerras para que los atletas de todas las regiones pudieran transportarse libremente hacia Olimpia, Grecia a disputar la olimpiada. Caso similar se presentó en 1969, Nigeria y Biafra establecieron una tregua en su guerra sólo para ver jugar a O´Rei Pele y disfrutar de sus goles y su destreza con el balón.

El 3 de abril de 1938, se celebraba un partido de futbol entre las selecciones de Alemania y Austria.  El ídolo austriaco Matthias Sindelar, cometió el pecado de anotar un gol y celebrarlo frente al palco donde se encontraba Adolfo Hitler. No aguanto las ganas de ser digno y de regalarles a sus compatriotas una pequeña alegría ante la dominación alemana.

Diego Armando Maradona, en la Copa Mundial de 1986 en México,  se consagró como el d10s Argentino  al anotar dos goles a Inglaterra, uno conocido como la mano de dios al anotar con la mano en evidente trampa y el gol del siglo al gambetear desde el medio campo al todo el equipo inglés. Fue esta una venganza futbolística a la derrota sufrida por los argentinos en la Guerra de las Malvinas.

Las grandes actuaciones desde la lomita, en 1981 de Fernando “el toro” Valenzuela, un joven veinteañero de Etchohuaquila, Sonora,  salvaba de una huelga a mitad de temporada y revivía  el beisbol, deporte nacional del los Estados Unidos. En su primera temporada se convirtió en novato del año, mejor pitcher de las ligas mayores, campeón de la Serie Mundial con  los Dodgers de Los Angeles venciendo a los Yankees de Nueva York.

Michael JordanMichael Jordan nos hacía creer que era posible volar, atacaba la canasta, se suspendía en el aire y entre dos, tres o cuatro jugadores encestaba de formas imposibles, de espaldas, con ojos cerrados, sacando la lengua, para  despertar la admiración del público. Vencía el reloj, para ganar los partidos demostraba en cada tiro máximos niveles de concentración, que le valieron para conquistar seis campeonatos de la NBA y forjar de una gran fortuna.

En el recorrido por las historias deportivas, sirva el  ejemplo de sus protagonistas como ejemplo de vida, que alegraron la favela, el potrero, el rancho, el  barrio, que son orgullo de su país, el ejemplo de la perseverancia.

A través de ellos cumplimos nuestros sueños de la infancia,  anotamos el gol o la canasta del triunfo, nos despegamos de la realidad por la pura emoción que significa el goce de ganar y sentirnos vencedores. Si perdemos jamás nos sentiremos derrotados, para terminar con el epígrafe del poeta norteamericano W. Carlos Williams, así la apatía o el aburriemiento  no ganaran el partido.

 

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