Control: Anton Corbijn y su triste canción de amor

By on diciembre 8, 2010

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Control: Anton Corbijn y su triste canción de amor

Por Socorro González Barajas

El conocido videoasta holandés Anton Corbijn presentó en 2008 su película Control (coproducción entre G.B., E.U., Australia y Japón; 2007), un acercamiento a la vida de Ian Curtis, el enigmático vocalista del desaparecido grupo de rock inglés Joy Division. Curtis, cuya imagen actualmente representa una especie de espíritu romántico, de apariencia taciturna y obscura, sumido siempre en una hiriente depresión que le impuso el suicidio como triste final (a su veintitrés años de edad), se asume como tema de este delicado filme, cuya pausada narrativa logra momentos de nostálgico lirismo; nada extraño en su director, quien sin duda ha sido uno de los videografos más propositivos de las últimas cuatro décadas (a él se deben los pocos videos de Joy Division y algunos logros audiovisuales de Depeche Mode, U2, Metallica, Red Hot Chilli Peppers, entre muchos más).

Basada en el escrito autobiográfico de Deborah Curtis (Debbie, la mujer de Ian; en el filme interpretada por Samantha Morton), Touching from a distance, Control se suma a toda esa serie de filmes sobre famosas agrupaciones y polémicos cantantes de rock de un modo singular; alejándose de la pretenciosa mirada a lo Oliver Stone en The Doors (E.U. 1991); así como de la genial originalidad de Velvet Goldmine o I´m not there (G.B., 1998 y 2007, respectivamente) de Todd Haynes; o la soporífera visión de la víspera suicida de un hipotético Kurt Cobain en Last Days (E.U., 2005) de Gus Vant Sant. Corbijn, atendiendo la obra literaria y la amistad que lo unió a esta agrupación del Manchester en la Inglaterra de los años setentas, ha construido un convincente relato acerca de un hombre que poco a poco fue adentrándose en un mundo de tonalidades cada vez más grises; cuya vida se ensombreció de pronto al rechazar la responsabilidad que implicaba el tener una familia y descubrirse una figura siempre ausente y carente de amor hacia su enamorada mujer y recién nacida hija (“Ohhh… love will tear us apart, again…”, reza una de sus más bellas melodías). Un joven indescifrable cuya carrera en ascenso se contrapunteó con una inevitable caída a un infierno interior del que ni siquiera la música lo pudo salvar. Como era de esperarse, Corbijn no separa la obra melódica de Joy Division del relato; sino todo lo contrario, se aprovecha de ella evidenciando su condición de efecto, su característica circunstancial; dejando claro que la obscuramente agresiva poesía del cuarteto británico siempre fue la respuesta inevitable de Curtis a su permanente estado depresivo. Así, el filme se valdrá en ciertos momentos de diversas secuencias musicales como recurso narrativo, escenas que revelan el caos sentimental y amoroso de un Curtis (perfectamente interpretado por Sam Riley) cada vez más espectral y aletargado; ahora sí controlado por un temible remordimiento y un criminal sentimiento de culpa que brotaba cual castigo divino en los violentos ataques epilépticos que paulatinamente fueron minando su salud mental.

Si a la cuestión musical le anexamos la limpieza visual que Corbijn portenta en esta obra, tenemos como resultado final una pieza fílmica moderada y sencilla (bastante recomendable, por cierto); sin que esto signifique pobreza narrativa. Pese a lo que esperábamos algunos admiradores del prolífico trabajo de Anton Corbijn en el videoclip, tan formalmente elaborado y de una riqueza que por momentos se antoja absurda de tan abstracta, el “estrenado” cineasta nos sorprende con una historia lineal sin excesos ni recovecos formales (sin restar ningún mérito al excelente diseño de producción a cargo de Chris Roope).  La cámara fija su objetivo en Curtis y su proceso de Autosuggestion, en un blanco y negro que directamente remite a la Atmosphere en la que el protagonista poco a poco se hunde. Un joven que fue encerrándose cada vez más en su atormentado mundo a la par que su música se instalaba con rotundo éxito en la historia. Curtis, con su inevitable sex appeal para las jóvenes gruppies, erotizadas por la ronca voz de un cantante que fuera del escenario se convertía en un pálido fantasma cuyos pensamientos desembocaban en algún poema que se convertía en canción. Finalmente, el joven Ian no supo sobrellevar su triunfo como artista, del cual terminó renegando. Su fallido regreso al hogar paterno sólo le hizo reafirmar su soledad, que terminó una mañana al interior de su siempre humilde casa, abatido por el cansancio que deja la melancolía y la infinita tristeza.

Control

Dir.:Anton Corbijn.

Año: 2008.

Reparto: Sam Riley, Samantha Morton, Alexandra Maria Lara

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