Buscando el tiempo perdido: Life during wartime, de Todd Solondz

By on abril 6, 2011
buscando el tiempo perdido

Cine club Primera Toma la recomienda.

El cine de Todd Solondz me representa una bella pero incisiva forma de acercarse a la realidad del anglosajón, al patetismo de sus vidas y conflictos, mayormente amorosos y sexuales; a la dura y lamentable existencia en una sociedad marcada por una falsa moral familiar, delicadamente perversa y serenamente viciosa, de violencia contenida y lenguaje procaz. Life during wartime (E.U., 2009) el filme más reciente del irreverente Solondz, sorprende por la similitud, entre secuela, parodia e incluso homenaje (con todo y nombre y características de Joy, su protagonista), con Happines (E.U., 1998) filme con el que Solondz fue reconocido de un modo más general en el ámbito cinematográfico.

buscando el tiempo perdidoDesde su secuencia inicial, donde vemos a Joy en tormentoso diálogo con su esposo negro, el cineasta expone la regla del juego, la cual, nuevamente será en esencia el marcado tono irónico y denso humor negro que dominan el metraje de principio a fin; sin embargo, esta vez Solondz parece inclinarse más hacia el melodrama existencial de sus criaturas, resaltándolo por momentos con verdadera maestría, como en ese lamentable encuentro entre una ardiente pero envejecida Jaqueline (Charlotte Rampling) y el angustiado Bill (Ciarán Hinds), otorgando una especie de tregua al cinismo (aquel de Welcome to the Dollhouse, E.U., 1992) para adentrarse más en la exploración de una melancolía de afectos incorrectamente asimilados. Más que incisiva caricatura de una sociedad que se rige por las apariencias, esta vez los personajes de Solondz se construyen como seres mal correspondidos por el amor, la vida, el sexo, la amistad y otros momentos gratos; seres de entrañable patetismo y conmovedora tristeza, perdidos en la fallida búsqueda de un lejano, más bien inexistente núcleo familiar, éste como la expresión más pura del amor (representado en ese recurrente sueño de Bill con su hijo, verdadero bienestar que le espera a la orilla del apacible lago, locus amoenus de un idilio fracturado),  del cual Solondz se burla, pero pareciera que ya no tanto como en sus anteriores trabajos (como en la misma Happiness).

Finalmente, es importante destacar la altura de las actuaciones -basta ver a Paul Reubens, ex Pee-Wee Herman, genial en su amaneramiento de fantasma enamorado,  o el inquietante reencuentro de Bill y su hijo Billy (Chris Marquette), tan denso como sugerente e interesante-; la extraordinaria y colorida factura visual de  la cinta, en alto contraste con el monocromático estado de ánimo general de los personajes a lo largo del metraje;  su intenso,  pero al mismo tiempo mesurado dramatismo, tan conmovedoramente fascinante. No se la pierdan…

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